Mano de Obra

Introducción:

Hay veces que improvisar te lleva a terrenos inesperados. Esto es algo que ocurre igual en la vida y en el arte en general. Cuando improvisas sales de tu zona de confort y te adentras en situaciones a las que normalmente no te enfrentarías. De estos enfrentamientos puedes salir airoso o derrotado pero, en la mayoría de ocasiones, se convierten en experiencias inolvidables.

Este relato surgió de un juego de improvisación. Si es cierto que ya tenía algunas ideas sueltas y que me apetecía intentar hacer algo distinto jugando con otros estilos que también me apasionan como en este caso es el noir. Así que me dejé llevar, intenté mezclar esta idea que me rondaba sobre mezclar novela negra, fantástico y algo de humor y acabo surgiendo esta historia:

Mano de obra

El aire helado de la noche se coló a hurtadillas por la ventana entreabierta de su oficina. Dashiell notó como aquel frío incipiente de finales de noviembre atravesó la habitación y llegó hasta él sacándole de la ensoñación en la que se encontraba. Llevaba demasiado tiempo estudiando aquel caso, estaba tan acostumbrado a resolver sus encargos en apenas un par de días que el ver como éste se le demoraba varias semanas le estaba haciendo dudar de su propia suerte. Y lo peor es que no había ningún otro detective paranormal cualificado en toda la ciudad que pudiera ayudarle a resolver aquello. ¿Cómo era posible que a los habitantes de la ciudad les estuviera desapareciendo la mano que más usaban en su día a día? Era algo que ocurría cada noche y en lugares indeterminados. Los zurdos al despertar por la mañana solo se encontraban con su mano derecha y a los diestros les ocurría igual desapareciendo también su mano más ágil. Nadie sentía ningún tipo de dolor, pero al despertar se levantaban con un pequeño muñón sustituyendo a su anterior miembro.

Dashiell continuaba absorto en busca de conjeturas que no llegaban cuando una carta se deslizó por debajo de la puerta de su oficina. Clavó los ojos en ella mientras ésta pareció flotar por encima del mármol que poblaba el suelo hasta llegar a escasos centímetros de dónde él se encontraba. Agarró la carta y salió corriendo para intentar alcanzar a quién le había dejado aquel mensaje. Las bisagras de la puerta se quejaron con un grito oxidado al ser abierta mientras él salió de la oficina tan rápido que los talones le llegaron a golpear la baja espalda. Se asomó a las escaleras pero no pudo distinguir más que un eco sordo e informe saliendo por la puerta principal en el primer piso de su edificio. En ese momento se dio cuenta de que aquella carta continuaba en sus manos. Se humedeció los labios,  la abrió y comenzó a leerla en voz alta:

— Señor Dashiell —comenzaba rezando aquella carta—. Sabemos qué es lo que está ocurriendo, por favor salga de su edificio y coja el camino que lleva al canal,  no se preocupe por nada más, la niebla guiará sus pasos. P.D.  Si él muere, todo volverá a su lugar.

Extrañado por aquel enigmático mensaje, volvió a entrar en su oficina, sacó del cajón la última caja de balas que le quedaban y se las guardó en su gabardina. Bajó a la calle y al poner un pie en la acera vio como un pequeño banco de niebla parecía esperarle justo en la acera de en frente. Era una niebla compacta y levemente luminiscente, que  parecía  brillar con más intensidad  cuando era  iluminada por el faro de algún vehículo itinerante, como si ésta intentase llamar la atención y transmitir algún desconocido mensaje.  Se acercó a aquella neblina y agarró  la punta de su sombrero con los dedos pulgar e índice a modo de saludo. Después levantó la cabeza, se encendió el primer cigarro de la que prometía ser una larga noche y, tras una larga y profunda calada, clavó sus ojos en aquella brillante neblina para hablarle con su voz rota producto de noches colmadas de nicotina y whiskey:

— Cuando la niebla se levanta antes que la ciudad, no esperes la lluvia, espera el mar.

La respuesta de la niebla a aquella frase fue comenzar a desplazarse calle abajo. Él movió la cabeza de izquierda a derecha sin poder creerse lo que estaba presenciando, pero después de meditar durante un segundo comenzó a perseguirla. La siguió por calles y avenidas hasta llegar cerca del río, allí se detuvo en frente de un almacén. En él, había un cartel  en el que se podía leer “Tu mano amiga”.

Sin pensarlo dos veces se acercó a una  puerta de madera que parecía esconderse en la esquina de aquel edificio y la derribó de una certera patada. Un sonido a engranajes y a máquinas le llegó desde el interior. Dashiell apretó el paso recorriendo un oscuro pasillo y tras pasar por una puerta acristalada accedió al corazón del almacén. Allí pudo ver horrorizado una gigantesca cadena de montaje donde miles de manos sin cuerpo parecían trabajar sin descanso creando una variedad inimaginable de objetos. Desde juguetes, hasta teléfonos móviles, pasando por libros y cosméticos. Aquella empresa gigantesca había decidido robar las manos más ágiles de la ciudad para crear sus productos ahorrándose multitud de sueldos. “Así que usan mano de obra barata” pensó para sí con una sonrisa en la cara.

Escudriñó aquel recinto y vio en el centro del mismo a un hombre de baja estatura ataviado con traje oscuro y una corbata a juego, llevaba un sombrero de copa y un monóculo sobre el ojo izquierdo como si quisiera resaltar por su elegancia  dentro de aquel enrarecido ambiente. Pero lo que más le llamó la atención es que sus brazos, separados de su cuerpo, sobrevolaban en giros concéntricos el almacén como si supervisaran el trabajo de aquella cadena inhumana.

—¡Hay que ser más mañoso, vamos manitas demostrad como manipuláis mis productos y rápido! — gritaba con voz chillona aquel hombre mientras de su boca salía un humo dorado que, como si del flautista de Hamelín se tratara, parecía mover aquellas manos.

Dashiell recordó lo que decía la carta: “Si el muere, todo volverá a su lugar”. Sacó la caja de balas del bolsillo de su gabardina y al abrirla palideció al ver el contenido, solo le quedaba una, así que solo tendría una oportunidad para terminar con todo aquello. Se agachó y comenzó a rodar por el suelo para intentar no ser detectado por aquellos brazos voladores que hacían las veces de vigilantes, de opresores y de verdugos. Tras varios giros y saltos, consiguió esconderse detrás de una máquina que producía osos de peluche a gran escala. Pegó la espalda a aquel artilugio y asomó levemente la cabeza dejando al descubierto la nariz, el ojo izquierdo y la punta de su sombrero. Se encontraba a escasos metros  de aquel hombre  de traje oscuro y estaba convencido de que no podría acercarse más sin ser visto.  Sacó su revólver, introdujo aquella única bala en el tambor y respiró profusamente mientras notaba como  el sudor empezaba a gotearle rítmicamente desde su frente hasta el suelo.  Realizó una última y profunda inspiración, dejó su mente en blanco para al instante siguiente salir por completo de su escondrijo, apuntar a la cabeza de aquel ser, cerrar un ojo y disparar. Un olor a pólvora atravesó los metros que los separaban. Sonó un crujido de cristales rotos y el monóculo se agrietó rompiéndose en innumerables pedazos. Por un instante, el sombrero de copa  se mantuvo inamovible, pero poco después el hombre miró al frente y de él dejó de salir aquel humo amarillento, comenzó a temblar y con un brillo silencioso y cegador desapareció de aquel almacén. En ese momento todo se detuvo: los engranajes, las máquinas y sobre todo las manos. Se paralizaron durante unos segundos para, sin previo aviso, salir todas a la vez volando de aquel edificio volviendo a sus respectivos dueños mientras parecían chocarse entre ellas dejando tras de sí un sonido de aplausos en el aire.

Salió del ahora vacio almacén y vio como aquella brillante niebla que le había guiado se adentraba en un humilde edifico comercial en el que en un aún más pequeño cartel  se podía leer: “PRODUCTOS ARTESANALES AL CIEN POR CIEN, NUNCA HAREMOS MÁS DE LO QUE PODAMOS VENDER”. Con una sonrisa en el rostro se encendió un cigarrillo y  Dashiell se sintió satisfecho por terminar aquel trabajo que se le había ido demasiado tiempo de las manos.

Fer Alvarado

10 comentarios en “Mano de Obra

    • Muchas gracias Elena. Cuando salimos de nuestra zona de confort y nos movemos por arenas movedizas hay veces que conseguimos textos medianamente interesantes. Aunque te puedo asegurar que tengo otros muchos que improvisé que no tengo pensado mostrarlos por lo mal o sin sentido que me salieron. Gracias por leer y por comentar siempre.

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    • Muchísimas gracias por leer este relato y por comentarlo. Surgió de una improvisación y al final parece que algunas veces hay que intentar hacer juegos de este tipo para explorar nuevos lugares y encontrar nuevos estilos. Me alegra que te haya gustado. Un gran saludo.

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  1. No se que es el noir.. Pero me encantaría saber en que te inspiraste para hacer esto, me ha gustado mucho, porqué no tenía ni idea de que iba ni que pasaría la verdad, ha sido muy entretenido jajaj Veo que esa cabecita da para mucho, un afectuoso saludo para Don escritor.. jaja 😉

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    • El noir es el término que se utiliza para denominar al cine negro clásico tipo las pelis de Humphrey Bogart de detectives con sombrero y gabardina que fuman sin parar y hablan continuamente con frases ingeniosas. En la época en la que escribí este relato estaba leyendo mucho a Dashiell Hammett (de ahí el nombre del prota) que fue el escritor que inventó todo este (sub)género y como siempre me gustó mucho lo fantástico y adoro este tipo de historias quise hacer algo que mezclara muchos de los estilos que me gustan. Lo mejor fue que me dejé totalmente llevar y te puedo decir que este relato no tardé más de 40 o 50 minutos en escribirlo, aunque luego sí es cierto que lo retoqué y le metí algunos detalles pero la mayor parte fue casi improvisada. Así que se puede decir que esta historia salió de, como muchas cosas en esta vida, dejarse llevar por el momento :). Un gran saludo para usted también señorita lectora jaja.

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