El Borde de la Mirada

Introducción:

El género de terror siempre ha sido uno de mis favoritos. He llegado a perder la cuenta del número de libros y películas de este tipo que he podido devorar (sobre todo cine la verdad) pero, aún siendo mi género predilecto, en muy pocas ocasiones me he aventurado a crear un relato con tintes sobrenaturales o terroríficos. Hace unas semanas un amigo me propuso escribir un relato de terror especial para Halloween y después de tener mis dudas sobre si sería un estilo que sabría abordar, decidí lanzarme a la aventura e intentar dar lo mejor de mí.

Siempre tengo una libreta encima de la mesita de noche en la cual, apunto las ideas que me vienen al levantarme. Apunto sueños, pesadillas o simplemente alguna frase o imagen que me ha llegado en mis horas de descanso y que me pueda inspirar. Después de pasar una mala noche buscando la inspiración, pensé en dos chicas y un piso compartido, pensé en historias contadas en la oscuridad y pensé en el miedo que se puede llegar a pasar si estas historias se hacen realidad. Esa mañana me desperté nervioso y alargué el brazo rápidamente en busca de mi libreta de ideas. La cogí entre mis manos y antes de que llegara a olvidarla,escribí la frase que me había llegado durante la noche: “El Borde de la Mirada”. A partir de ahí el relato de terror fluyó solo:

El Borde de la Mirada

CAPÍTULO 1

Los canales del televisor iban saltando uno detrás de otro en busca de la película idónea para aquella noche tan especial. Claudia, miraba con desgana los diferentes programas que aparecían y desaparecían intermitentes en la pantalla al ritmo acelerado que marcaban sus manos sobre el mando a distancia.

—Cada vez más cadenas de televisión y cada vez transmiten cosas peores la noche de Halloween —dijo en voz alta acompañando sus palabras con un suspiro entrecortado dejando ver el aburrimiento en el que se encontraba.

Desde que se mudó a aquel apartamento cinco años atrás tenía la tradición de pasar esta noche con Sara, su compañera de piso. Las dos amigas, con la única luz de  una linterna, llenaban el suelo de mantas, y se tumbaban boca abajo una enfrente de la otra para disfrutar de los relatos de terror que habían ido recopilando en las últimas semanas especialmente para la noche de Halloween. Pero aquella noche su amiga, sin darle ningún aviso, le dijo que tenía que salir y que no volvería hasta el día siguiente. Así que allí estaba ella sola, en su noche favorita del año y  frustrada ya que creía que este año tenía la historia de terror que dejaría a Sara helada.

Les encantaba competir para ver quién de las dos traía la historia más espeluznante que dejara a la otra en vela toda la noche. El año pasado fue Sara la vencedora gracias a su relato “El Mensaje”. Aquella historia sobre la chica a la que llamaban por teléfono una y otra vez y que al descolgar una voz húmeda y cavernosa le gruñía a través del altavoz un “Esta noche iré a verte” dejó a Claudia sin pegar ojo varios días. Llegó incluso a apagar el móvil durante las horas de oscuridad, recurriendo al despertador de toda la vida para levantarse por la mañana para ir al trabajo por miedo de lo que pudiera encontrarse en la pantalla del teléfono.

Por este motivo desde el 1 de Noviembre del año pasado pasó incontables horas en frente al ordenador buscando la mejor historia, la más terrorífica que pudiera dejar a Sara con el mismo miedo en el cuerpo que ella pasó. Pero todo el esfuerzo había sido en vano, su amiga se había marchado y ella solo tenía la compañía de un viejo televisor y un puñado de películas aburridas que no le aportaban nada.

De repente, una idea pasó por su cabeza que podría alegrarle aquella solitaria noche de brujas. Se levantó de un salto del sofá y se miró al espejo que estaba a su izquierda. Estaba demasiado bien peinada y arreglada para llevar a cabo su plan.  Deslizó ambas manos por debajo de su cabello y comenzó a moverlas rápidamente de izquierda a derecha hasta llegar a convertir su antes estudiado peinado a media melena en un amasijo de pelo revuelto que salía disparado en varias direcciones. Corrió al cuarto de baño, cogió su nuevo juego de pinturas y de vuelta al espejo del salón tapó su rostro con un color blanco casi cenizo y el contorno de sus ojos con un color negro que sobresalía por debajo un par de centímetros hasta casi llegar a la mitad de su cara.

Se enfundó una sudadera oscura que no diera ningún tipo de brillo y cogió la linterna de contar relatos y su teléfono móvil. Su plan era el siguiente: si no podía contarle a Sara aquella historia cara a cara, se la mandaría en video. Este año ella iba a ganar sí o sí.

Apagó la luz del salón, encendió la linterna que proporcionaba una luz tenue y amarillenta, la apuntó a su cara pintada de blanco y bajó la mirada llenando sus ojos de sombra y ocultando su brillo. Carraspeó fuerte para intentar convertir las palabras de su garganta en un sonido gutural y agrietado. Pulsó el botón de grabación del teléfono y comenzó a relatar de memoria su historia:

—“Hoy en la Noche de Halloween, en la noche de Todos los Santos, es el momento en el que la fina línea que separa a los vivos de los muertos se deshace y nos une más allá de lo que los vivos o despiertos puedan imaginar. La noche en que todas las historias de fantasmas y de brujas, las leyendas sobre monstruos sanguinarios y seres innombrables se pueden hacer realidad. Las almas perdidas de aquellos que no son capaces de afrontar su muerte deambulan por las calles en busca de los incautos que se ríen de los espíritus. Buscan su luz, sus emociones, buscan el calor de una vida perdida y que ansían sentir por encima de todo. Entran en sus casas, en sus cuartos y se meten en sus camas adhiriéndose a estos insensatos para unirse a ellos en vida y muerte. Si esta noche sientes algo innombrable junto a ti, algo que eriza tu piel e hiela tu aliento, mira al frente, abre los ojos todo lo que puedas y no te gires jamás. Porque si te giras los podrás ver por el borde de la mirada y los verás lamiéndote, sintiendo tu vida, tus emociones, tu amor y tu odio y cuando los veas, ellos verán tu alma arrebatándotela para saciar su hambre.”

Terminó de grabar su historia y  se la envió inmediatamente a su amiga. Estaba segura de que le había quedado aún mejor de lo que había imaginado y conseguiría asustar a Sara hasta poner su cabello color azabache de punta. En la pantalla iluminada del teléfono apareció la palabra “enviado”. Sonriente tras realizar con éxito su plan, observó la luz redondeada de la linterna que señalaba al techo. En ese momento le llegó un sonido prolongado de frenos pisados con urgencia acompañado de un golpe metálico, quebradizo y de cristales rotos. Giró el cuello en dirección a aquel ruido que parecía llegar desde dentro del salón y volvió la mirada pensativa hacia la dirección de la linterna. Claudia abrió desorbitadamente los ojos y su boca se llenó de un aliento seco y frío como la noche. En la oscuridad del techo se veían ahora dos luces, la luz de la linterna y, algo más alejada, una luz redonda, más grande y luminosa, que se apagaba y encendía mientras se acercaba lentamente hacia donde estaba Claudia.

CAPÍTULO II

Faltaban pocas horas para que comenzara la particular tradición que mantenía con Claudia en la noche de Halloween y, Sara, no había preparado absolutamente ninguna historia para contar. Veía a su amiga deseosa de que llegara la noche. Se la cruzaba por el pasillo con mantas agarradas con torpeza entre los brazos para comenzar a cubrir el suelo y por el salón pegando los muebles a la paredes para hacerlo más espacioso y que tuvieran más libertad de movimientos.

—Este año te voy a ganar, tengo la mejor historia y no vas a tener ninguna posibilidad contra mí —le repetía Claudia una y otra vez.

Pero por una vez no le apetecía para nada aquel juego. Hacía seis meses que había perdido su empleo y solo deseaba volver a trabajar fuera de lo que fuera. Anduvo por todas las calles de la ciudad dejando su currículum en las ofertas de trabajo que le gustaban al principio y cuando veía que no la llamaban, lo dejó en absolutamente  en todos los lugares que ofrecieran empleo, pero por una razón u otra, nunca daba el perfil requerido.

Se tumbó en el sofá del salón dejando la mirada perdida hacia el interior de la pantalla apagada del televisor. En la mano izquierda, como siempre en esos últimos meses, agarraba con fuerza el teléfono esperando la llamada de algún posible empleador que nunca llegaba. Desde aquel nuevo ángulo que ocupaba el sofá pudo ver como en el pasillo central del apartamento Claudia salía de su habitación y se metía en el baño con un juego de pinturas recién comprado en la mano.

“Debo pensar en una historia para esta noche o Claudia se llevará una decepción horrible” pensó para sí mientras comenzaba a fruncir el ceño. Cerró los ojos e intentó relajarse para dejarse llevar y acordarse de alguna historia de terror olvidada que fuera apta para la ocasión.

En ese momento su teléfono empezó a vibrarle con tanta intensidad que se le escapó de la palma de la mano e inició una pequeña danza a través de los cojines. Sara lo cogió lo más veloz que pudo antes de que éste cayera al suelo y miró  curiosa a ver quién la llamaba a aquellas horas. Pero en vez del nombre guardado de alguna posible oferta de trabajo se encontró las palabras “número desconocido” brillando en la pantalla. Estaba demasiado desesperada para no arriesgarse a cogerlo así que descolgó:

—Sara Suances al teléfono, ¿dígame?

Al otro lado no hubo respuesta alguna. Unas interferencias comenzaron a sonar a una lejanía insondable. Éstas empezaron a aumentar de volumen, parecían acercarse al auricular y tomar forma. Sara se dio cuenta de que ese sonido molesto y agrietado no tenía nada que ver con una mala cobertura del móvil, eran arañazos, como si fueran zarpas de un animal salvaje que intentaba desesperadamente abrirse camino a través del teléfono. Ella palideció al instante, su respiración se entrecortó hasta el punto de atragantarse con el aire que entraba en su cuerpo, tosiendo nerviosa y profundamente. Acercó el dedo pulgar al botón de colgar pero sus movimientos eran como lentos espasmos que luchaban inútilmente por romper la rigidez en la que se encontraban sus manos. Los arañazos dejaron de sonar en aquel auricular dejando paso a un silencio alargado, un silencio que parecía no terminar nunca dejando a Sara con la mirada congelada observando la pantalla mientras los segundos de aquella llamada pasaban uno tras otro. Aquel silencio lo rompió una voz que no podía compararse con ningún sonido humano. Era como un gruñido, como un grito quejumbroso que sonaba adusto y antiguo trayendo recuerdos de ceniza olvidada y de polvo revuelto. Y entre aquellos gañidos ululantes pudo distinguir las siguientes palabras:

—Sara, esta noche iré a verte.

CAPÍTULO III

Sara lanzó el teléfono contra el sofá sin siquiera asegurarse de si la llamada había finalizado o no. Se incorporó de un salto abriendo la boca para atrapar en el aire el oxígeno perdido durante aquellos segundos. No podía creerlo, aquello era como la historia que le contó a Claudia el año pasado, y las historias no se hacen realidad, no existen, igual que no existen los monstruos dentro del la armario, ¿o sí?  Ya no estaba segura de nada, aquel gruñido susurrado al oído le había parecido real, demasiado real y como prueba de ello, los arañazos aún retumbaban en su cabeza como si quisieran adentrarse hasta el fondo de sus pensamientos.

“Será mejor que no se lo diga a Claudia, es demasiado asustadiza. Estoy convencida de que este cuento es conocido por más gente y habrá sido una broma de mal gusto en la noche de Halloween. Sería ponerla nerviosa para nada” pensó para sí. Se dio la vuelta y empezó a buscar  dentro de su bolso que reposaba encima de la mesa.

—No puedo quedarme aquí, Claudia querrá jugar, contar historias de terror hasta la madrugada y ahora mismo no tengo ánimo para ello —musitó en voz baja para no ser oída por su amiga.

Sacó las llaves del coche e introdujo el teléfono en el bolso mientras se giraba en dirección al baño del apartamento.

—¡Claudia, Claudia! —gritó —. Me acaba de surgir un imprevisto y tengo que irme ahora mismo. Como mínimo no volveré hasta mañana.

—Pero, pero…, ¿hasta mañana? Si hoy es Halloween —balbuceó Claudia a través de la puerta del baño. Pero Sara ya había salido aceleradamente del piso para evitar preguntas incómodas y de difícil respuesta.

Pocos minutos después, en la calle, la oscuridad de la noche solo era interrumpida por los faros del coche de Sara que se deslizaba solitario por el asfalto a toda velocidad. Ella no sabía a dónde quería ir, solo deseaba alejarse todo lo posible de aquel apartamento, de aquel recuerdo y sobre todo de aquel sonido inhumano que parecía perseguirle por aquella desolada carretera.

Su teléfono, que ocupaba el asiento del acompañante como si fuera un viajero más, comenzó a vibrar con violencia. Ella agarró el volante con fuerza, notando como sus dedos temblorosos moldeaban el plástico a su antojo. Miró al frente mientras una solitaria gota de sudor empezó a surcar su rostro. Volvió a vibrar otra vez, un silencio, otra vibración, otro silencio. Aquello no era una llamada, eran mensajes que le llegaban al teléfono. Sara respiró aliviada y abrió la cremallera del bolso, extrajo el móvil y miró el remitente: Claudia, era Claudia.

Pulsó el mensaje y en la pantalla apareció su amiga envuelta en oscuridad con el rostro pintado de blanco y la mirada ennegrecida:

“Hoy es la noche de Halloween, el día de Todos los Santos,… “, pronto se dio cuenta de que le estaba contando su relato de terror a través de un video. Oir aquella voz amiga le tranquilizó, dejó el móvil encima del asiento y siguió con aquel video: “la noche en que todas las historias…, se pueden hacer realidad”.

—¿Cómo, qué ha dicho, todas las historias hoy qué? — De repente sintió frío, la piel se le convirtió en escarcha y su cabello color azabache se le erizó. “Las almas perdidas… deambulan… buscan luz, emociones, el calor de una vida”; un gruñido le llegó desde la oscuridad de la parte trasera del coche. “Si sientes algo innombrable junto a ti, abre los ojos y no te gires jamás”, notó como una garra se deslizaba por su asiento, como se acercaba a su cuerpo y le agarraba lentamente. Primero un dedo, después otro y otro, hasta que una mano fría y arenosa le abarcó todo el hombro. Miró al frente sin parpadear, mientras su corazón le martilleaba el pecho y le cortaba la respiración. “Porque si te giras, los podrás ver por el borde la mirada…, y ellos verán tu alma arrebatándotela para saciar su hambre”. Claudia terminó de contar su historia y la luz del teléfono se apagó sumiendo a Sara en la más absoluta oscuridad con aquella zarpa enorme agarrándola y bajándole por el brazo.

—Sara, he venido a verte, ¿no quieres mirarme? —aquel rugido le llegó desde su espalda atravesándole el cuerpo como un relámpago y haciéndola temblar de arriba a abajo.

“No te gires, no te gires” murmuraba con palabras ahogadas mientras agarraba el volante con tanta fuerza que notó como sus uñas se clavaban en las palmas de sus manos y su sangre caliente brotaba, goteando rítmicamente sobre el suelo del coche.

A su derecha el teléfono comenzó a vibrar y a sonar a la vez. Sara giró el cuello en un acto reflejo por culpa de meses esperando la llamada que tanto ansiaba. No llegó a mirar atrás, pero al ladearse, en el espejo retrovisor y desde el borde de su mirada vio unos ojos amarillentos que la observaban sedientos de vida mientras una lengua viscosa salía de la penumbra y se le acercaba. Sintió el tacto de aquel apéndice blanduzco sobre las partes desnudas de su piel, un tacto áspero y rugoso que empezó a recorrer su cuerpo y mientras todo esto veía, volvió a escuchar aquel rugido innombrable de palabras  entrecortadas:

—Gracias por mirarme, ya tttte vvvveo.

* * * * * * * * * * * * *

Claudia se quedó inmóvil observando la luz que se acercaba por el techo. Aquel sonido tan cercano de frenazos, de golpes metálicos y cristales rotos aún le retumbaba por los oídos. ¿Aquello estaba ocurriendo de verdad?, y, si era cierto, ¿estaría todo relacionado? Recordó la historia que acababa de relatar en voz alta y se dio cuenta de que si todo era real debería estudiar todos sus movimientos. Desvió lentamente la mirada hacia el suelo y con un paso atrás se sentó en el sofá sujetándose las rodillas con las manos para estar lo más quieta posible.

 “Puede que no fuera más que mi imaginación, que aquella luz fuese del coche que escuché pero, y si es cierto que las historias en Halloween se pueden hacer realidad, no puedo arriesgarme ni lo más mínimo” pensó mientras levantaba su mirada del suelo para mirar al frente en busca de la postura más cómoda. Posó la vista en la pantalla apagada del televisor, clavó los ojos al frente y  colocó su espalda recta. En el silencio del salón solo se escuchaba su respiración profunda y arrítmica. Tras unos segundos de incertidumbre notó como el peso de un cuerpo se sentaba a su lado y le rozaba ligeramente la pierna. Claudia tragó saliva y se mordió el labio para evitar gritar. Aquella cosa le estaba respirando en el oído, sintió su aliento tan cerca de su cara que hasta el cabello se le movía por la frente tras cada exhalación de aquel ser. Pero no se movió, se mantuvo impertérrita durante segundos, minutos y horas que se hicieron interminables.

La luz de la mañana comenzó a abordar el salón, iluminando las mantas colocadas en el suelo y los muebles pegados a las paredes. Con aquellas primeras luces, notó como aquella respiración que le había asediado toda la noche se desvanecía, como aquel cuerpo extraño se levantaba del sofá y se alejaba de su lado y, por un segundo, por el borde de la mirada y en el reflejo de la pantalla apagada del televisor, le pareció ver a una chica de cabello color azabache que se marchaba de la habitación. Claudia respiró aliviada y extrañada a la vez por aquella última visión, la noche de Halloween había acabado, la noche en lo que todo podía ocurrir.

6 comentarios en “El Borde de la Mirada

    • Es una muy buena técnica para apuntar ideas en época de sequía inspirativa. Lo que me gustaría saber es ¿a cuántas letras le das a la vez cuando apuntas en la tablet con tus pezuñas?, ¿o tienes un teclado especial adaptado con emojis o algo así? Muchas gracias por comentar, un cordial saludo y una alegre palmadita en el lomo a modo de agradecimiento para ti 🐶😊.

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  1. Vale lo acabo de leer, la verdad que al principio me parecía típico pero a logrado engancharme, pero el final a sido como quedarme a medias, era todo un sueño? le paso algo.. No se.. Sólo te digo que si tengo pesadillas hoy que encima vivo sola, me acordaré de ti jajaj Me ha gustado leerte la verdad, este si, me ha hecho sentir cosas.

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    • En concreto este relato lo escribí por encargo para una página especializada en terror. De ahí que intentara rebajar mi intensidad habitual al escribir (por ejemplo “Las Alas del Sombrero” o “La Danza del Roble” se acercan más a mi estilo escribiendo). El final no es un sueño, cierta persona con el pelo color azabache va a despedirse de ella, por eso no quise hacerlo más terrorífico, porque era una amiga la que estaba con ella. Acabo de desmenuzar todo el final jajaja. Espero que no tengas pesadillas en las horas que te quedan de noche y de verdad que agradezco mucho todos tus comentarios y lecturas. Saludos y gracias por venir a pasear a mi blog 😊.

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      • Que va, ya me has desmenuzado el final, y es tal cuál había pensado, la verdad que las Alas del Sombrero hasta la fecha de lo que he leído de ti, es que me ha hecho que saque mi lado emocional que tenía escondido y me ha gustado, y ahora mismo estaba leyendo los títulos y otro que me a llamado la atención es el del roble, que lo iba a dejar para mañana pero como me has escrito, justo ese titulo lo leeré ahora también, jaja Las ganas por descubrir siempre me pueden más. PD: Necesito que me permitas la libertad de que si no me gusta algo sea honesta. Porqué normalmente no comento si no me gusta.

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      • Me parece perfecto, en el momento que decidí hacer públicos mis relatos me expuse tanto a las críticas positivas como a las negativas. Y te puedo asegurar que he recibido ambas. Pero soy de los que piensa que el aplauso estanca y prefiero que se me digan mis errores para crecer o que haya varios puntos de vista que, siempre que sean críticos y razonados, siempre aportan. Agradezco mucho tu sinceridad y no pidas perdón por ser sincera, eso es algo muy de agradecer.

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