La Máscara – Capítulo VIII. Máscara.

Introducción:

Y esta primera temporada llega a su fin. Lo cierto es que, con sus aciertos y sus muchos errores, he acabado bastante satisfecho de esta experiencia y ya estoy trabajando en la segunda temporada de la serie. No esperaba hacer nunca nada así y, como gran aficionado al cine que soy y a todo lo audiovisual, ha sido algo muy interesante el poder crear esta serie de terror. Para la siguiente procuraré aprender, crecer y seguir mejorando hasta llegar al objetivo de hacer algo que nunca había pasado por mi cabeza crear.

Espero que disfrutéis de este último episodio de la temporada, que os guste y sobre todo estaré encantado de conocer vuestras críticas y opiniones para mejorar en un futuro. Como siempre os dejo el texto original que escribí y el episodio animado para apreciar la adaptación. Mil gracias por acompañarme en esta aventura y por estar ahí semana tras semana.

Episodio adaptado a la Animación:

Texto Original:

Los alaridos de aquellos bichos comenzaron a retumbar en el interior del refugio. Tenía la sensación de que con aquellos chillidos nos estaban midiendo, contando  y buscando cuál de nosotros sería el más sencillo de cazar. Todos los murciélagos lo hacían, lo sé, pero éstos era como si se adentraran en tus pensamientos y llegaran a encontrar tus miedos más profundos para atacarte con ellos.

Pensé en la última vez que me los encontré. Fue en el granero, con Clara esparcida por los rincones y yo, ciego de rabia, lanzando raticida indiscriminadamente. Maldita bromodiolona, ahora no soportaba su olor. El techo desapareció y fue allí dónde vi la nube flotando por primera vez. Todos quietos mirándome. Yo, con mi lata de judias y un bote apestoso como armas que no me servían para nada. ¿Cómo salí de allí?, ¿qué fue lo que hice para escapar? Estaba tan aturdido que no llegaba a recordarlo.

—Sara. — Una voz rasgada y gutural sonó desde fuera del edificio, se adentró entre las paredes y me alcanzó provocándome un espasmo que sacudió mi cuerpo. Por un momento llegué a incluso pensar que había aquella monstruosa voz había sonado dentro de mi cabeza.

 —Sara, ¿no vas a salir a saludar a un viejo amigo? Aunque las cosas hayan cambiado las formas y la educación no deben perderse. Bueno, las formas tal vez sí, aunque eso fue gracias a ti, claro.  — Una risa que podía olerse y que provocaba náuseas con solo escucharla acompañó esas palabras.

Mire a la chica, sostenía varios lápices en la mano y estaba totalmente lívida, imaginé que ella era Sara. Había pasado tanto tiempo sin escuchar un solo nombre. El saber quiénes éramos perdió su utilidad en el momento que comenzamos a huir y todo lo que no era útil en este mundo, sobraba.

Las grietas de las paredes se estaban ensanchando. Podía ver como multitud de cabezas de murciélagos se abrían paso a través del acero.  Un escalofrío me recorrió la espalda, acababa de percibir como el hombre alto  se estaba armando con sus cuerdas. Él estaba a mi espalda, no lo veía, pero no sabía por qué estaba sintiendo y visualizando cada uno de sus movimientos.

Me toqué la cicatriz que tenía en la máscara, tal vez aquel arañazo me había conmocionado. Al tocarla, ésta se partió en dos y cayó al suelo. Al mismo tiempo las paredes se abrieron como si fueran mantequilla fundida.  No pude ni ir en busca de mi máscara, en apenas unos segundos aquellos monstruos alados entraron en el refugio chocándose unos con otros mientras nos rodeaban y nos obligaban a movernos. El hombre alto sacó sus cuerdas y comenzó a lanzarlas buscando cuerpos que destrozar. Noté los chasquidos en el aire, las mutilaciones, las alas arrancadas y los cuerpos peludos que caían sobre el suelo para después, intentar arrastrarse usando sus colmillos como patas. Y estaba sintiendo cada uno de esos golpes como si  fuera yo mismo  el que los recibiera.

Caí de rodillas sobre una superficie metálica. El golpe provocó un sonido agudo que pareció despistar a aquellos monstruos. El hombre de las cuerdas aprovechó ese momento para atacar con más virulencia, cercenó una oreja a uno de los murciélagos que se arrastraba por el suelo, yo me eché una mano al oído; le piso la cabeza a otro que se les acercaba, yo, me cogí la sien con las dos manos.

Todo era como una tormenta de dientes y alas cortantes pero, nada me tocaba. De repente, silencio. Los murciélagos se agruparon, cercándonos para no dejarnos escapatoria alguna. Sonó un grito que no dejó ni un centímetro de mi piel sin estremecer. De nuevo,  otra vez silencio. Por la apertura de la pared entró agachándose una criatura gigantesca. Tenía la cabeza llena de ojos enormes que no paraban de moverse y dos pares de colmillos que brillaban a la luz de los fluorescentes. Era cómo una combinación de pesadillas unidas en un solo ser.

—El miedo trae la tranquilidad, Sara —dijo sin mover boca alguna —. Tú siempre lo decías pero al final he tenido que ser yo el que se haga cargo de ello.

La chica no respondió, estaba paralizada observándolo como si quisiera reconocer en él algo que ya no existía.  En ese momento uno de su multitud de ojos giró y se posó en mí.

—Gracias Máscara. — De nuevo sonaron sus palabras dentro de mi cabeza. —Has hecho un buen trabajo, ahora me toca a mí terminar lo empezado.

¿Trabajo?, ¿máscara?, ¿qué decía aquel ser? Entonces caí, el refugio no era la trampa. Yo, era la verdadera trampa. Las ratas no me atacaban, tuvieron multitud de ocasiones para destrozarme pero no lo hicieron en ningún momento. Lo que en realidad hacían era seguirme como si fuera el flautista de Hamelín llevándolas a por su cena.

Me incorporé y vi mi reflejo sin máscara en los cristales. Tenía los ojos completamente rojos, sin pupila alguna, mi cara estaba repleta de vello y mis dientes estaban comenzando a afilarse y a sobresalir de mi boca. Odiaba el olor a bromodiolona y me estaba convirtiendo en uno de ellos pero, ¿cómo?, ¿qué había ocurrido en aquel granero?

—Carlos, no por favor — llegó a balbucear aquella muchacha entre temblores.

—Él ya no existe —le contestó. —Para mi nuevo cometido, puedes llamarme Hacedor.

Cometido, ¿esa era mi función ahora?, ¿Traicionar todo lo que había sido?, ¿todo lo que creía que era? ¿Mi función era traicionar a Clara?

Aquel monstruo autoproclamado Hacedor estaba abriendo sus fauces dejando al descubierto una boca enorme repleta de afilados dientes. Miré hacia abajo, el golpe metálico que había sonado al caer desplomado lo había provocado al chocarme con una trampilla que parecía dar a un pasaje subterráneo. Tal vez tuviéramos una oportunidad. Cogí la lata de judías y se la lancé a Sara.

—Guárdala como si fuera un lápiz —le dije antes de lanzarme a por aquel ser mientras le señalaba la trampilla de salida.

A aquella criatura le cogió por sorpresa, no esperaba  para nada mi rebelión. La agarré y la inercia del golpe nos hizo atravesar la pared y saltar por detrás de la plataforma. Sentí como sus poderosas fauces se clavaban en mi cuerpo, pero no la solté. Cerré los ojos y mientras nos precipitábamos hacia una inevitable caída, percibí como Sara y Cuerdas abrían la trampilla, noté los chasquidos de sus látigos y el dolor de los murciélagos al ser destrozados. Pero en ese momento no sentí daño alguno. Una sonrisa se dibujó en mi deformada boca justo antes de que nos chocáramos contra el suelo desde veinte metros de altura. Después de mucho tiempo y, aunque fuera por un mísero instante, me sentí lleno, me sentí feliz, me sentí completo: acababa de encontrar mi nueva función en el mundo.

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA

Escrito por: Fer Alvarado

Animado por: Míster Bizarro

Sonido por: J.J. Rec

Voz Cuerdas: Sergio González

Voz Lápiz: Adela Guiu

4 comentarios en “La Máscara – Capítulo VIII. Máscara.

  1. ¡ Brillante golpe de nocaut final ! Mi querido amigo; tu si que sabes narrar sin perder de vista, lo que puedes generar en los lectores, emociones mas que encontradas. Buena conjunción con lo audiovisual y el fraseo de quien describe…Maravilloso sin dudas, un fuerte abrazo! Congratulaciones desde el corazón!

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    • Mil gracias por tu comentario de verdad. Es la primera vez que me embarco en algo así y la experiencia, aunque muy agotadora, ha sido harto positiva. Y con tu apoyo y tus palabras haces que todo esto merezca la pena. Te mando un gran abrazo y gracias infinitas por tus palabras y por apoyar este pequeño experimento.

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  2. Me ha sorprendido el giro final. El héroe convertido en instrumento del antihéroe. El monstruo que se rebela contra su creador y decide sacrificarse para expiar sus culpas. Os felicito por este último capítulo y por toda la serie al completo. Ha sido un gusto seguirla. Gracias! Espero que se materialice esa segunda temporada. No me creo que el malísimo haya muerto (por cierto, muy logrado el personaje). Y la lata de judías, ¿qué? A priori, son las dos principales incógnitas que presenta la próxima temporada. Lo dicho, muchas gracias por los minutos de ficción que nos habéis regalado estas semanas. Un abrazo!

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    • Te agradezco muchísimo tu apoyo de verdad Javier. Valoro tus opiniones como pequeñas enseñanzas y me alegra sinceramente que te haya gustado este pequeño experimento o, al menos, hayas disfrutado con él. Quería hacer una serie de terror muy fantástica pero con personajes con motivaciones, profundos y que se le llegaran a coger cariño. No estoy muy seguro de haber dejado claros algunos conceptos pero, siempre me ha gustado exigir al lector/espectador para que esté atento y vaya formando el puzzle. Mil gracias por estar ahí, ni te imaginas lo que me ayudas y lo que estoy siempre pendiente de tus comentarios, críticas y opiniones. Un abrazo enormísimo amigo.

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