Un Nuevo Sonido

Introducción

Este relato lleva tomando forma prácticamente un año y medio. En él quise contar con un tono terrorífico algo que a casi todos nos ha ocurrido alguna vez, algo que no desvelaré para animaros a continuar leyéndolo. Pero lo escribí, lo guardé en un cajón y me olvidé de él. Hace relativamente poco, buscando entre mis antiguos escritos, volví a reencontrarme por casualidad con este pequeño monstruo. Al volver a verlo me sentí mucho más alejado de esta historia ya que el vivir y el escribir se pueden resumir en que ambos con el paso del tiempo se convierten en evolución, crecimiento y estados de ánimo. Así que me enfrenté a este relato, pensé en la idea que quería expresar en su momento y en cómo la expresaría a día de hoy. Lo reescribí casi por completo. El relato cambió, yo había cambiado, pero la idea original de esta historia de terror, más común de lo que a simple vista pueda parecer, continuó intacta:

Un Nuevo Sonido

Despertó sin saber cuántos días habían pasado. No recordaba si las imágenes que golpeaban su cabeza formaban parte de  un extraño sueño o si todo lo que había creído  vivir hasta ese momento formaba parte de fragmentos desordenados de su subconsciente. Simplemente despertó.

 Abrió los ojos mientras levantaba poco a poco la cabeza algo desorientado por culpa de una ensoñación demasiado vívida.  Giró en derredor para estar seguro de que se encontraba en la seguridad que le proporcionaban los muros de su hogar hallando ante él solamente oscuridad. El casi imperceptible gotelé que trepaba por la pared  le convenció de que estaba en casa, acarició esta leve rugosidad con la punta de sus dedos ascendiendo temblorosamente en busca del interruptor que consiguiera alumbrar y dar vida al resto de la habitación. Sonó un pequeño click, la luz abordó la estancia  dando forma y consistencia a lo que antes apenas se intuía,  pero no fue un click solitario, algo en su mente también despertó junto a aquel insignificante sonido. Aquel  ruido emergió con una fuerza esclarecedora: clickclickclickclik, clickclickclikclick; lo escuchó y un instinto irreconocible lo repitió en su cabeza como si fuera un mecanismo de defensa.  Algo en su mente deseaba hacerle recordar, pero el resto de su cuerpo temblaba intentando negar aquel vago recuerdo.

Se incorporó  sentándose sobre el borde de la cama y colocó un pie en el suelo. A cada movimiento de su fatigado cuerpo, en su cabeza volvía a sonar ese extraño click. No tenía ni idea de que hora podría llegar a ser ya que ni un mísero haz de luz llegaba a colarse entre las rendijas de la persiana pero, por alguna razón que desconocía, no tenía ninguna intención de que esto ocurriera. La idea de encontrarse cara a cara con la luz diurna hizo que su estómago se revolviera llenando su boca con un sabor amargo.

 “Agua, necesito agua y ahora mismo”, pensó  mientras intentó levantar todo su cuerpo a la velocidad que sus aletargados miembros le permitieron. Consiguió atrapar la manilla de la puerta notándola resbaladiza al tacto, como si un espumarajo pegajoso se hubiera untado a lo largo de su frío metal. La abrió sumergiéndose en la oscuridad impenetrable del pasillo, no había ni luz, ni claridad alguna que le mostrara el camino a sus desorientados sentidos. Lo único que pudo sentir allí fue un olor  a ajado y  calcinado que se adentró por su nariz llenando sus pulmones de una pestilencia  que no alcanzaba a  adivinar cuánto tiempo llevaba allí.  Volvió a recorrer las paredes en busca del interruptor, en busca de ese leve sonido que le resultaba a la vez lejano y familiar al accionarlo, un sonido que le traía una claridad ambigua; mitad tranquilidad, mitad inquietud de enfrentarse cara a  cara con la realidad que parecía acecharle.

Abrió tanto los ojos buscando aquel interruptor en la oscuridad  que llegó a notar una molesta tirantez en los párpados,  ¿cómo algo que normalmente encontraba por casualidad,  le resultaba tan difícil hallarlo cuando se lo proponía?  Sumido en estos pensamientos alargó el brazo para apoyarse en la pared y comenzó a avanzar con pasos lentos y estudiados.

En uno de estos pequeños movimientos  pisó algo viscoso en el suelo que le hizo perder el equilibrio. Su mano izquierda descendió bruscamente para evitar una más que probable caída  encontrando por el camino el ansiado interruptor; click, sonó al apenas rozarlo. Una débil luz empezó a recorrer el pasillo forzándole a parpadear con fuerza para acostumbrarse a aquella luminiscencia creciente. Por un instante creyó ver extrañas manchas  que salpicaban las paredes con  colores rojizos que no deberían estar allí. Alargó el brazo para intentar incorporarse, pero al tocar la pared, pulsó de nuevo el interruptor; sonó otro click y  la oscuridad escondió  aquellas  extrañas salpicaduras de las paredes. En ese momento una duda le asaltó, ¿era mejor recorrer el ahora interminable pasillo con la seguridad que le otorgaba no saber lo que le rodeaba?, o por el contrario, ¿necesitaba  tanto ser consciente de lo que apenas había podido ver y, que podía llegar a hacerle perder la poca serenidad que le quedaba, que tenía que volver a pulsar el maldito interruptor?

Tal vez por cobardía o tal vez porque sus ojos se encontraban más cómodos dentro de aquella negrura impenetrable, decidió seguir adelante sin llegar a ver luz alguna. Se incorporó, levantó la pierna y ésta chocó con algo pegajoso que le impidió  avanzar. Un sonido metálico y resbaladizo surgió de aquel objeto al ser golpeado. Era  un sonido huidizo que llego a acelerar su pulso hasta cotas desconocidas para él.

 — Esquívalo, sáltalo, sigue adelante y ni se te ocurra mirarlo —dijo en voz alta para llenar el ambiente con algo más que sudor y miedo. Silenció los temblores que empezaban a poseerle tragando saliva de forma constante mientras un olor a humo y ceniza llenó todo el apartamento. Intentó rodear aquel viscoso objeto con la otra pierna, pero  en el momento  que comenzó a alzarla por encima de aquella masa, ésta se irguió alcanzando y atrapando de lleno la desnudez de sus pies. Sintió una frialdad pegajosa en la piel que comenzó a ascender  rítmicamente por su cuerpo. Donde antes estaban sus dedos, ahora solo sentía frío, la sensibilidad de su tobillo también le abandonó; aquella masa continuó su ascenso imparable hasta las pantorrillas mientras él pataleaba con todas las fuerzas de las que era capaz.

En uno de estos movimientos desesperados rozó accidentalmente uno de los interruptores del pasillo sonando de nuevo aquel click.Pero esta vez algo irreconocible y demasiado cercano le contestó: clickclickclickclickcliclikclick, parecía provenir de  aquello que le subía por la pierna con un ritmo lento pero constante y que no tenía intención alguna de detenerse. Clickclickclickclickcliclikclick, era como el crujido de la madera al astillarse, como un eco cubierto de niebla  que se acercaba  poco a poco a su cuerpo inmovilizado por el miedo.

La luz accionada por el interruptor empezó a hacerse presente. Aumentó su intensidad desde un tono amarillento que molestaba a sus ojos, poco acostumbrados a aquella claridad, para llegar a un brillo cegador que le sacó de su  anterior olvido visual.

Giró el cuello intentando observar lo que le rodeaba para buscar algo a lo que poder agarrarse. Las paredes que recordaba de una blancura impoluta, estaban salpicadas con un rojo intenso que atravesaba el pasillo con formas de manos y arañazos. ¿Cuánto tiempo llevaban allí esas marcas?, ¿cuánto llevaba ese color enfermizo poblando lo que él creía que era su hogar indestructible? Sin respuesta a estas preguntas alargó los brazos, apoyó sus manos en el suelo y se arrastró  en un intento desesperado de buscar una salida. Un pinchazo de frío penetrante y de terror puro le recorrió el cuerpo al darse cuenta de que aquella cosa se arrastraba junto a él por el pasillo.

Le llegó  un olor a  podredumbre corrompida que le invadió todos sus sentidos. Intentó esquivar estos estímulos nauseabundos respirando a través de su boca, manteniéndola  entreabierta tragando y escupiendo aquel aire pestilente de forma ahogada. Estaba paralizado ante aquella masa que poco a poco le estaba cubriendo  la parte inferior de su cuerpo. No la miraba, no quería mirarla, seguía empeñado en negar que estuviera allí.  Creía que si no la veía con sus propios ojos,  no existiría; que si no  reconocía su presencia, no podría hacerle daño alguno.

 — No existe, no hay nada ahí, solo estoy yo, siempre he estado solamente yo —gritaba con los ojos cerrados mientras se ahogaba al hablar con su propia saliva.  Clickclickclickclick clickclickclickclick, el sonido era cada vez más cercano,  reptaba y ascendía a través de él. Un zumbido le recorrió la espalda y junto a este extraño fulgor, perdió la sensibilidad de sus piernas.

Se dio cuenta de que su cuerpo comenzaba  a no ser su cuerpo, de que su vida empezaba a no ser su vida y decidió levantar la cabeza con el suficiente ángulo para poder ver aquello que le aprisionaba. Abrió los ojos y entonces lo vio.  Era una masa verdosa sin forma reconocible que se movía a través de él como si fuera gelatina caliente. Iba ascendiendo por su pecho  inmovilizándole  cada milímetro a su paso, cada poro, cada nervio; se estaba alimentando de él a  tal velocidad, que  apenas podía asimilar todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. La curiosidad por saber, por ver con sus propios ojos y comprender empezó a sustituir al miedo. Abrió los ojos como nunca los había abierto. Los abrió tanto que creyó que hasta ese mismo momento siempre los había tenido  cerrados. La miró con  ojos desorbitados presos de horror y sintió como esa masa informe le devolvía la mirada mientras le engullía. No veía  ningún órgano reconocible en ella, pero sabía con toda certeza que aquella cosa indescriptible le miraba fijamente de alguna manera inhumana.

Clickclickclickclick ya no sentía los labios, un grito ahogado se perdió en su garganta volviendo y rebotando en el interior de su cabeza; clickclickcliclikclick, su nariz desapareció bajo aquellas  formas viscosas que se adentraron en su cuerpo  a través de sus fosas nasales colmando sus sentidos con un sabor macilento y oxidado. Clickclickclickclickclick, casi había terminado de cubrirle por completo cuando él comprendió que aquella baba corrompida llevaba mucho tiempo existiendo junto a él, que aquel nuevo sonido, que llevaba escuchando todo el día,  intentaba advertirle de su presencia  y que negarlo nunca fue una solución. Clickclickclickclickclick, sumido en la desesperación pensó que al conocer su existencia podría volver a empezar de cero, podría arreglar  todo lo que le había llevado a aquella situación y todo podría volver a ser como antes, pensó que podría … CLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICK

CKCLICKCLICKCLICKCLICLICkCLICKCLICK

        CLICK      CLIC     CLI CL

Fer Alvarado

13 comentarios en “Un Nuevo Sonido

  1. Genio rumiante pensador!! Te pareces al joven Edgar Allan Poe en sus inicios. Mira que tienes pasta; para tener la confianza de que puedes llegar lejos con novelas de suspenso o aun mas guionar para producciones en plataformas de la web o en la cinematografía. En lo personal, no exagero. Pienso; que puedes lograr el éxito, si pules algunas cosillas nimias y escribes aquello que como torbellino alocado, produce tu talento. Un cordial saludo.

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    • Me has dejado sin palabras ante tu comentario así que lo único que se me ocurre decirte es un sincero gracias, gracias y gracias. Llevo relativamente poco tiempo escribiendo e intento ir mejorando día a día así que mis oidos siempre están prestos para escuchar consejos sobre mi escritura y poder así mejorar esos detalles que me faltan por pulir. Gracias infinitas por dedicarle tiempo a leer mis relatos. Un saludo.

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  2. ¿Te gusta Dino Buzzati ? Me recuerda a una goccia, el escarabajo, y otros cuentos, bueno es uno de mis cuentistas preferidos, pero lo leí en italiano como pude sin traducciones de por medio. Saludos y sigue con tus historias.

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    • Hola Fabiola! Pues no lo conozco para nada, ni siquiera llega a sonarme la verdad. Pero has despertado mi curiosidad y sin duda lo buscaré para introducirme en su mundo literario. Así que muchas gracias por dármelo a conocer, por leerme y por comentar. Un gran saludo.

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  3. Recuerdo que este ya lo leí, lo que al ponerlo en tu último comentario, me he metido por curiosidad, ya sabes un sábado de confinamiento, no hay mucho que hacer y si una de las opciones el leer algo, de alguien que hasta la fecha te gusta lo que escribe, porqué no? es que creo que he leído todoo lo que has puesto en tu blog, lo que no se porqué no me deja poner me gusta, ya sabes cosas de wordpress.. Y su empeño por alejarnos jajaja. Por cierto tengo que decir que se me olvidó que en políticas de empresa, me gusto el detalle, de que se pongan mascaras y guantes, porqué si la persona que contrata es como yo, lo primero que se fija en alguien es en las manos, y en la sonrisa, jajaja Así que recuerdo que cuando leí eso, sonreí y dije que cierto es.. Bueno un saludo y feliz sábado!!

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    • Muchas gracias por leerlo todo! Me has malacostumbrado a comentarme en todos los relatos y cuando no comentas o pones me gusta pienso que no lo has leído 😊. Mi idea de “Políticas…” con los guantes y máscara era más de dehumanizar aunque también tenía presente lo de ocultar facciones y que todo se igualara solo a la actitud y a las ganas por conseguir ese empleo.
      A mí también me pasa que me fijo mucho en las sonrisas y en las manos, dicen mucho de alguien, de su historia, de su vida. Son detalles que creo que dan confianza. Una sonrisa natural la veo como una relajación que hace que te muestres tal y cómo eres y deja conocerte un poco más.
      Espero que estés pasando un gran sábado y hayas conseguido batir nuevos récords con tus posturas de yoga 🙂. Un gran saludaco de sábado y gracias por leerme y comentar.

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      • Pues mi sábado de hoy, se está haciendo eterno, he leído y visto conferencias muy interesantes eso si. Pero no he hablado con nadie hoy, así que estoy como que me duele la garganta de no hablar.. No se porqué pero desde que estamos en este “retiro los sábados son muy largos” Y antes para mi era el Domingo, hoy mi record a sido el de no moverme, jajaja Espero que tu también hayas hecho algo de provecho.. Para mi una mirada directa, una sonrisa natural, y unas manos bonitas!! Son de fiar, jajaja bueno las manos es más bien un fetiche. Lo mismo me pasa a mí cuando no dices nada.. Es que no te ha gustado no es que no lo hayas leído, pero tampoco hay obligación, si que me pasa a veces que leo algo me distraigo como me paso con este, y no comento pero a los días me acuerdo, tengo el problema de querer hacer cosas a la vez..

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      • También es bueno tener días de no hacer nada o de no moverse. Y si encima se lee o se escuchan podcasts o conferencias yo lo veo como un día aprovechado.
        Hay días que me gusta desconectar del mundo, perderme en algún libro, una buena película, escuchar un podcast interesante y caminar (ahora por casa claro está) y son mis días de dedicármelo a mí mismo. Descubrí hace no demasiado tiempo que me sirven de inspiración o simplemente estas desconexiones me limpian y procuro hacerlas una vez en semana. En cuanto a lo de tu garganta seguro que te deja de doler pronto y no se te olvidará hablar como al personaje de mi cuento 🙂. Espero que el resto de tu sábado haya sido constructivo y lo hayas disfrutado a la manera que mejor te viniera. Un saludo de casi domingo!

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      • Casualmente cuando te enviado el mensaje, me a llamado un amigo por skype, últimamente me pasa mucho esto, que necesito algo y se materializa súper rápido, todos nos conocemos un poco, y sabemos lo que necesitamos, y necesitaba hablar porqué me había sucedido una cosa y necesitaba verbalizarlo,y que como buena parlanchina que soy, al menos una hora de charla al día la necesito, como el beber agua jajaja ya se me ha ido el dolor de garganta jaja. Y justo este mismo colega me ha dicho lo de la aplicación de podscast y me ha ayudado a bajarmela. Y cuando digo que el sábado se me hace largo es que ya se me estaban acabando las ideas de que mirar, y gracias a este chico y enseñarme la aplicación del podcast ha sido como un AVE MARIAAAA jajajaj.

        Antes mis días de introspección eran los domingos, pero si que es cierto que aunque me gustaba estar en casa y no hacer nada salía una hora para ir a charlar con mi madre. Luego me daba igual llegar a casa y hacer estas cosas que me encantan adquirir conocimientos.
        P.D: TE ESTOY CONTANDO MUCHO MI VIDA, SI TE ABURRO DÍMELO PERO MI HASTAG SERIA. #MEENRROLLOCOMOUNAPERSIANA jajaja

        Feliz sabamingo!!! 😉

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