Un Toque de Sangre y Humor Negro

Recopilación de relatos cortos de humor negro que he ido escribiendo estos últimos meses.

Introducción:

Me encanta el humor negro. El leer historias excesivas en las que se juega entre el límite del terror y el humor siempre me resultó muy estimulante. Puede ser que en mi caso influya que cuando veo una película o leo un libro de terror (y en ciencia ficción me ocurre igual) le perdono que esta sea mala o que incluso roce lo ridículo, lo disfruto y lo devoro igualmente. Se puede decir que sea mi dulce placer culpable. Creo que la hipérbole, en lo que a lo narrativo se refiere, por inverosímil, puede llegar a ser graciosa. Hasta el punto que muchas obras llegan a ser divertidas sin apenas proponérselo. Así que hoy traigo tres de mis intentos de realizar relatos excesivos que deambulen entre el terror y la comedia que espero disfrutéis y con los que personalmente me divertí mucho al escribirlos:

EL SEGUNDO PASTEL

Carlos fue colocando las velas una a una encima de la tarta y se dio cuenta de que comenzaban a ser demasiadas para la limitada superficie del pastel. “Tal vez para la próxima vez las reparta en dos tartas” pensó. Estaba demasiado orgulloso de todas y cada  una de aquellas velas como para simplificar sus celebraciones con un sencillo número. Aquello le quitaría toda la magia a lo conseguido hasta el momento.  “Hay que contarlas cada vez y sentirse feliz por todas ellas, porque todas, absolutamente todas son únicas y son especiales” solía decir en voz alta cada vez que las colocaba y contaba. 

—Ya estoy listo para la sorpresa —. Una  voz masculina escaló desde el sótano  y le hizo perder la cuenta pero no le importó, ya que aquellas palabras eran la señal que aguardaba.

Apagó las luces y, con la tarta en una mano y un cuchillo en la otra, se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras.  En el piso inferior, un chico con los ojos tapados y una media sonrisa le estaba esperando. Se acercó sigiloso a él intentando aguantar la emoción que solía embargarle  en estas situaciones  y, con un movimiento rápido y certero, le rebanó el cuello como si  fuera  mantequilla caliente lo que cortaba. El suelo se cubrió de sangre y aquella sonrisa se congeló en el rostro del muchacho. Carlos, tras observar como sus pies comenzaban a pegarse al ahora rojizo pavimento, cogió la tarta y colocó una vela en el último hueco que quedaba libre. Ya estaba completamente seguro, para poder celebrar su siguiente víctima, debería comprar un segundo pastel.

Fer Alvarado

UN APLAUSO DE IDA Y VUELTA

Salió al balcón de casa cabizbajo, sin demasiado ánimo de participar en el aplauso colectivo que su comunidad le iba a dedicar a los que habían perecido  a causa del accidente.

Aún faltaban un par de minutos para la hora acordada, así que miró hacia su izquierda y observó  las obras del nuevo ascensor. Como presidente de la junta vecinal que le había tocado ese año no entendía cómo la gente se dio tanta prisa para aquella derrama y más aún después del desafortunado incidente que había acaecido con el anterior hacía apenas un mes. Nunca le habían entusiasmado esos minúsculos habitáculos pero después de aquello se había jurado y perjurado que solamente usaría las escaleras y que no volvería a usar esas cajas cerradas del demonio. Los aplausos emergieron desde las ventanas cercanas sorprendiéndole en un primer momento, pero pronto se dejó llevar y comenzó a silbar y soltar vítores que le hicieron destacar como el más animoso de aquel homenaje.

Un minuto de gritos al aire y de agridulces silbidos retumbaron por la calle elevándose y perdiéndose entre  los muros del edificio. De repente a su espalda le llegó el sonido de un campana metálica como el que hace un ascensor al llegar a la planta elegida. Sus palmas cejaron en su empeño de juntarse y sus labios se separaron convirtiendo sus siseos en silencios y sus palabras de ánimo en incertidumbre. Notó como una lengua áspera le recorrió el lóbulo de la oreja. Intentó girarse pero sus músculos se tensaron convirtiendo sus movimientos en torpes espasmos que no le llevaron a ninguna parte.

— Hola, señor presidente. — Una voz metálica que parecía oscilar, caer desde el techo y volver a subir le llegó desde varios lados a la vez. — Tuvimos que morir para saber quién se negó a poner el nuevo el ascensor. Pero tranquilo, ya le tenemos preparada su propia  caja.

En los balcones el homenaje había terminado. Los pocos vecinos que aún permanecían asomados a las ventanas comenzaban a adentrarse de nuevo en sus hogares cuando algo les detuvo. Un grito de los que hiela la sangre surgió desde las entrañas del edificio, cruzó los pasillos acompañado de aplausos que sonaban a un tañer de campanas para, finalmente, descender y perderse por el hueco del nuevo ascensor.

Fer Alvarado

UN VECINO SERVICIAL

El domingo por la mañana es mi día favorito de la semana. Me encanta despertarme temprano, disfrutar de un frugal desayuno y volver a tumbarme ocioso en la cama mientras me pierdo entre los pequeños ruidos que empiezan a surgir a lo largo y ancho de mi edificio. Desde que era niño, en casa me enseñaron a recibir este día con los brazos abiertos, me enseñaron a compartirlo y a ayudar a que tus vecinos lo disfruten lo máximo posible. Mi madre siempre me decía que una comunidad unida era como una gran familia unida y mientras a más gente fueras capaz de hacer feliz, mucho más lo serías tú mismo. Así que,  con el paso de los años, me he dado cuenta de que la mayoría de mis vecinos son gente de costumbres y he sabido adaptarme a las necesidades que les puedan surgir en cada momento de este maravilloso y familiar día que es el domingo.

Doña Rosa, del segundo B, siempre prepara un delicioso arroz para deleitar a sus hijos en sus visitas y así de camino también obligarles un poco a que vayan a verla,  que la verdad la señora pasa demasiado tiempo sola. Yo, para que ningún imprevisto le pueda arruinar esta velada,  siempre tengo preparado un kilo del mejor arroz bomba del mercado por si lo necesitara y en mi pequeño balcón, hace tiempo que planté romero, que gracias a mi prodigioso olfato, logré  adivinar que es el ingrediente secreto de sus estupendos arroces.

Roberto y Luisa viven en el segundo A y una vez al mes, gustan de hacer una pequeña barbacoa para sus amigos en su terraza. Pues que menos que por mi parte tener preparado para ellos un paquetito de sal en escamas que va genial con estas parrilladas y sé de buena tinta que especialmente a Luisa le pirra en las carnes que suelen preparar.

Alberto y José viven en el único piso habitado de la tercera planta y son bastante menos familiares o sociables que el resto de nuestra comunidad. Para ellos, el domingo es su día de sentarse en el sofá y disfrutar de tantas películas como la tarde pueda dar de sí. Así que después de mucho pensar en cómo podría ayudarles, empecé a perfeccionar mis técnicas haciendo palomitas caseras con mantequilla y cada jornada dominical les llevo un bol rebosante de mis ya legendarios snacks palomiteros.

Todo este servir a la comunidad me hace sentir inmensamente feliz. Para mí, no hay nada mejor en la vida que ver las caras sonrientes de mis vecinos al saludarme por la escalera o disfrutar de sus abrazos sinceros cada vez que les hago alguno de estos favores.  Con esos pequeños gestos me hacen sentir uno más  en sus reuniones familiares y en sus planes de cada domingo.

El único día que no pude cumplir con las expectativas que esta gente maravillosa tiene depositadas en mí, fue hace tres domingos y fue uno de los días más tristes de mi vida. Raúl, mi vecino de enfrente, el único que igual que yo vive solo, vino a pedirme un destornillador plano para intentar desmontar la parte trasera de su arcón congelador, el cual se le había estropeado aquella misma tarde. Le hice pasar al salón mientras buscaba una completísima caja de herramientas que había comprado hace poco para poder prestarles una mejor ayuda a mis vecinos. Pero por más que buscaba no la encontraba por ningún lado. Busqué en el trastero, en la terraza, incluso bajé al garaje comunitario, pero esta había desaparecido por completo. Desesperado saqué todos los cajones de los muebles de la cocina y logré encontrar un solitario destornillador de estrella. En ese momento al darme cuenta de que no era el destornillador que Raúl me pedía, sentí miedo, ¿cómo podía decepcionar así a alguno de mis amigos cuando más me necesitaba?, ¿iría Raúl apartamento por apartamento propagando que yo no tenía ese dichoso destornillador y que no había podido ayudarle? No podía permitirlo de ninguna manera, aquel sería mi fin, dejaría de formar parte de esta enorme y maravillosa familia que era todo para mí. Los había decepcionado a todos, había fallado a doña Rosa, a Alberto y a José, a Roberto y a Luisa y sobre todo a mi madre que tanto insistía en que todo el mundo tendría que estar unido y darlo todo por los demás. Así que me decidí por la única opción posible. Agarré con fuerza el destornillador y se lo clavé a Raúl repetidas veces en el cuello. Él, mientras se desangraba sin que su garganta emitiera ruido alguno, me miraba con unos ojos sorprendidos, como si no pudiese entender lo que realmente le estaba ocurriendo. Desde entonces, como parte de mi castigo, tengo el cadáver de Raúl guardado en mi arcón congelador y cada vez que lo abro, me mira con ese rostro  de sorpresa permanente para recordarme que no puedo volver a fallar a esta maravillosa comunidad.

Fer Alvarado

13 comentarios en “Un Toque de Sangre y Humor Negro

    • La literatura y el cine de género son mi debilidad. Y el humor negro (en ficción siempre claro) mientras más mala uva tenga más gracias me hace, no sé si tendré que empezar a preocuparme por ello 🙂 . Me alegra que te hayan gustado estos relatos y más si encima eres una aficionada a este tipo de historias. Muchas gracias por leerlos y por comentar. Un gran saludo.

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  1. Maravilloso. De todos el primero me gustó más. Aquellas velas, aquella víctima, la sangre, la sonrisa….. realmente me gustó mucho. Los otros dos también, pero el primero más. No he intentado jamás el humor negro, pero me ha causado curiosidad, quizás…… Un abrazo

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    • Me gusta variar en mis escritor e intentar tocar los géneros que me gustan. En este caso el terror y este humor oscurecido siempre me han llamado mucho la atención y quise brindarle mi humilde homenaje. Curiosamente también “El Segundo Pastel” es mi favorito de esta tanda aunque no es el que más suele gustar. Espero que te animes a escribir algo de humor negro que estaré encantado de leerte. Un abrazo.

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    • Hola Elia y gracias por leerme y comentar. Pienso como tú y creo que el humor es necesario en todas sus acepciones . Si nos quitan el humor y las ganas de reí poco más nos queda, aunque este humor sea negro. Un enorme saludo y gracias sinceras por pasarte por aquí.

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    • En estos relatos reconozco que se me fue de las manos jajaja. Pero hay veces que escribo este tipo de relatos por divertimento, por quitarme presión y hacer algo más ligero. Si te gusta más terror psicológico de mi blog te recomiendo “El Borde de la Mirada” pero solo si te apetece y sin presión alguna 😊. Y, por cierto, soy Aries, no sé si eso tiene que ver con ser retorcido o no 🤔😂.

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      • mm tendría que ver tu carta astral que eso se me da bien y sacaría un análisis, pero aries es puro fuego así que alerta con la intensidad y acción, pues felicidades que no se de que día eres pero estamos en aries aún jajaj Pues ahora lo leeré, no se donde eres pero si eres de España, te darás cuenta que el insomnio se ha apoderado de mi. Voy a la lectura!!

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    • Muchas gracias por leerme Alejandro, intento variar en mis escritors y escribir un poco de todo lo que me gusta, en este caso, este humor tan negro.
      P.D: tengo destorinilladores de todo tipo, así no me falta nada y no tengo este tipo de problemas jajaja.
      Un gran saludo y gracias sinceras por venir a pasear por mi blog y comentar.

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