Políticas de Empresa (Parte 4)

Introducción:

Una batalla es una batalla. Nos hace enfrentarnos a los semejantes en luchas desiguales y llenas de oscuros recovecos en los que muchas veces se buscan las trampas necesarias para alcanzar una ansiada victoria, aunque ésta se produzca sin honor alguno. Estas luchas puede que no nos aporten el beneficio personal que deseamos pero muchas veces al sentirnos dentro de una competición, aunque ésta no haya sido buscada, se despierta en nosotros un espíritu competitivo el cual desconocíamos totalmente de su existencia. En estos momentos es cuando conocemos nuestros instintos y muchas veces éstos anulan toda nuestra parte racional.

No quería hacer éste relato tan extenso, no deseaba hacerlo tan largo, pero creo que es coherente con la historia y creo que es interesante ver la evolución de Damián en una situación que cada vez se vuelve más extrema. Espero que disfrutéis de este capítulo(prometo no alargarme mucho más, lo juro de verdad) y como siempre agradezco vuestras opiniones y sugerencias:

Políticas de Empresa (parte 4):

Aquel “ahora” retumbó por mis oídos como si fuera el ruido de una taladradora,  pareció danzar por aquella sala durante un instante para, poco después, elevarse y convertirse en un eco ascendente que se perdió escaleras arriba mostrándonos así el camino a seguir.

Por mero instinto seguí con la mirada aquella resonancia que se estaba alejando de mí planta, tras planta; para ser más exactos  cincuenta plantas, cien tramos de escalera y cien descansillos. No pude mirar más hacia arriba, un leve mareo acompañado de una sensación de vértigo al pensar en aquella distancia me hizo volver al piso dónde me encontraba.

Volví la cabeza hacia mis contrincantes y me sorprendí al ver que ninguno de ellos había comenzado aquella desesperada carrera. Todos seguíamos quietos en la misma hilera y en el mismo puesto del principio, pero  se podía sentir que algo en el ambiente había cambiado.  Por las ranuras de las máscaras pude distinguir miradas de alerta. Parecíamos observarnos y estudiarnos unos a otros a la espera de que alguien realizara el primer movimiento. Estaba convencido de que en el momento que uno de nosotros diera el primer paso, no habría marcha atrás y todos le seguiríamos en  una irrefrenable estampida. El enmascarado más alto de la hilera de enfrente se giró hacia mí y me dedicó una mirada desafiante en la que incluso pude distinguir un ápice de odio. Esos ojos profundos y oscuros que irradiaban rencor hacia un desconocido me hicieron comprender uno de los motivos de llevar máscaras. Si  no veíamos nuestras caras, sentiríamos menos empatía por el resto de aspirantes, no veríamos ni sus gestos, ni sus emociones, nos deshumanizaríamos y la competición sería más descarnada.

El “Alto” viró sobre sí mismo, adelantó la pierna derecha, lanzó el brazo hacia atrás y, como si hubiera esperado hasta ese mismo instante para hacerlo, comenzó a correr escaleras arriba. Su compañero de la izquierda hizo el amago de seguirle pero el codo del “Alto”, que estaba cogiendo impulso para iniciar la carrera, le golpeó  en el rostro. Aquel hombre se desplomó en el suelo y comenzó a sangrar profusamente por la nariz.

— Máscara estropeada, número 12 eliminado —dijo la chica engominada  usando un tono frío y opaco.

A mi alrededor no hubo ni frases airadas, ni palabras de protestas  por lo que a todas luces se veía  que había sido una agresión premeditada. De mis compañeros solo me llegaron sonidos de gruñidos quejumbrosos y de carraspeos de gargantas  colmadas de rabia. Por un instante me quedé observando como la máscara de aquel hombre cambiaba de color oscureciéndose por culpa de la sangre que no dejaba de emanar de su nariz hasta que la visión del primer eliminado fue interrumpida por cuerpos en movimiento que se entrelazaban y se empujaban en un intento desesperado de coger la mejor posición para iniciar el ascenso. En aquel altercado había  toda una declaración de intenciones siendo también el verdadero pistoletazo de salida.

— Número 17, ¿no te mueves?, ¿renuncias acaso a la entrevista? —Por un momento no supe ni de quién era aquella voz, ni a quién se estaba refiriendo. Me erguí y vi como la muchacha me  estaba mirando fijamente. “¿Número 17?, ese el número de la oficina en la que tuve que presentarme, ¿ese es mi nombre para esta prueba?” pensé mientras le devolvía la mirada con los ojos abiertos y llenos de sorpresa. Ella que pareció adivinar mis pensamientos, me dedicó un movimiento afirmativo con la cabeza mientras se humedecía ligeramente los labios.

Tal vez porque quería dejar de ver la sangre que comenzaba a traspasar aquella máscara y a gotear sobre el, ya no tan, impoluto mármol del suelo o porque no deseaba enfrentarme más a aquella chica, me dirigí a las escaleras, me enfrenté a ellas y, mientras sentía como el sudor incipiente de mi frente atraía el tejido rugoso de la máscara adhiriéndola a mi rostro, inicié el ascenso hacia la primera planta.

Los primeros escalones parecieron alzarse ante mí como muros infranqueables. La curiosidad de querer saber hasta dónde sería capaz de llegar y de cuáles eran mis posibilidades reales de alcanzar el objetivo se mezclaron con la eterna y devastadora inseguridad que sacude tu mundo cuando tienes un cambio visible al alcance de tu mano.  Por culpa de estos pensamientos  avanzaba tan despacio que mis tímidos ascensos discordaban sobremanera con el sonido acelerado de las frenéticas pisadas que me llegaban desde los pisos superiores.

Alcancé la primera planta prácticamente sin darme cuenta.  Poco a poco había conseguido aislarme de los jadeos necesitados de oxígeno de mis competidores  y del sonido metálico  de la  barandilla al ser zarandeada al mismo tiempo por 19 aspirantes a una vida mejor. Pero lo que no lograba dejar atrás era la voz fría y distante de la chica engominada que parecía perseguirme al surgir a través de las paredes:

— Números 7 y 11 eliminados por apoyarse el uno en el otro evitando así una posible caída… Número 4 se ha enganchado el pantalón en el pasamanos rasgándolo de arriba a abajo, eliminado… Número 18 ha dicho usted una palabra malsonante al resbalar y golpearse la rodilla con el filo de un escalón, eliminado por emitir sonidos congruentes.

Por extraño que parezca sentí alivio al saber que tenía cinco competidores menos sin haber  llegado aún  a la segunda planta. Me detuve y miré hacia arriba en busca de algún movimiento que pudiera sugerirme la distancia que me separaba del primer clasificado. Quedé petrificado al ver como, tres plantas más arriba, “el Alto” estaba quieto y, agarrado con ambas manos a la barandilla, parecía observarme fijamente con su mirada de odio perenne. En la planta inferior a la que él se encontraba un hombre de barriga prominente y de brazos demasiado pequeños  comparados con el resto de su orondo cuerpo, se detuvo, alzó el cuello y le dedicó al ”Alto” un sonoro gruñido.  Apenas habíamos ascendido cinco pisos y aquella competición nos había convertido en un grupo que gruñía en vez de hablar y que transformaba su odio acumulado en miradas combativa hacia sus semejantes.

Continuará…

Fer Alvarado

4 comentarios en “Políticas de Empresa (Parte 4)

  1. Bravo Fer. Sigues dejándonos en esas escaleras cada vez más intrigados. Creo que Damián tiene una buena estrategia. Veremos si llega antes que el “Alto”. Muy buena redacción y ritmo. No te puedo poner peros, porque está genial. A por el siguiente capítulo como Damián, sin prisa pero sin pausa.

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    • Muchas gracias Elena. Sigo trabajando en este relato y, cómo bien sabes que esto pasa a menudo, tenía planificada la historia desde el principio pero al avanzarla se me han ido ocurriendo nuevas ideas en las que trabajar. A este paso me veo escribiendo una novela con esta historia. Pero prometo que eso será para después, que este relato tendrá su fin en no demasiado tiempo 😊.

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    • Muchas gracias Cristina. Lo cierto es que este relato me lo estoy tomando con calma, pero aún así todos los días escribo un poquito o apunto ideas. Así que como Damián voy paso a paso y sin detenerme a ver si consigo terminarlo antes de Año Nuevo 😂😂. ¡Un gran saludo y gracias por comentar!

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