Un día cualquiera

Introducción:

Soy de los que piensa que no hay momento malo para cambiar tu vida. Los días se componen de muchas oportunidades que, si sabes aprovecharlas, transforman el costumbrismo más aburrido en la más increíble de las aventuras.

Tal vez ese sea uno de los secretos de estar a gusto con uno mismo: el saber cómo y cuándo dar ese deseado paso adelante que te encauce por el camino que siempre quisiste tomar. Y ese paso puede estar esperándote en cualquier esquina, en cualquier lugar e incluso en sitios por los que siempre pasas pero no les has prestado suficiente atención. Hasta que, un día cualquiera, abres los ojos y te das cuenta de que, todo lo que necesitas, lo tienes al alcance de la mano y que te has esforzado mucho para alcanzar algo que, solamente, se consigue dejándose llevar.

Este seguramente sea uno de mis relatos más locos e irreverentes. Pero, como he dicho en la introducción, decidí dejarme llevar y dedicarme a disfrutar con la escritura. Espero que os guste y, como siempre, estaré encantado de compartir comentarios y opiniones.

Un día cualquiera

Luis Muriel revoloteaba sobre la cama con el insomnio sosteniéndole los párpados. Creía que aquella noche tampoco podría dormir. Es cierto que añadir los barrotes del calabozo a su conjunto de preocupaciones no le había ayudado en la búsqueda de su sueño perdido. Pero, cuando decidió dar un paseo para fatigar su cuerpo, lo último que pensó es que iba a acabar en la cárcel y, para más inri, que continuaría sin poder dormir.

Tenía un buen trabajo en el que movía poco las manos y llenaba mucho los bolsillos; en su casa había más habitaciones que ladrones en el parlamento y su vida sentimental, aunque discontinua, estaba repleta de horas de lecho y un número creciente de compañeras con quién compartirlo. Su mayor y único problema era que se aburría.

Había logrado las más altas cotas de superación y podía dedicarse a los excelsos detalles de la vida que, según todos los expertos consultados, son los que definen la felicidad. Pero cuando buceaba en ellos se aburría con celeridad. Desgana, apatía e inapetencia, eran las sensaciones que cubrían su ánimo cada vez que alcanzaba un logro de los llamados apetecibles. Es más, estaba casi seguro de que el insomnio empezó a ocupar sus noches cuando lo ascendieron en el trabajo. Ese día llegó a casa llorando, se encerró en su habitación y pasó la primera de muchas noches en vela.

Comenzaron entonces los paseos por los barrios más desfavorecidos para convencerse de que era un hombre afortunado. Hasta que un día vio a una chica en el mercado que le llamó poderosamente la atención. De ella podría decirse que la belleza no era una de sus cualidades. Aunque, si la belleza se midiera en tener la dentadura como las teclas de un piano que ha caído de un tercer piso, las orejas rivalizando una con la otra para ver cuál podía ser más grande y la nariz de un tamaño tal, que sería capaz de desalar parte del mar con solo olerlo; estaríamos hablando de la mujer más linda de la ciudad. Pero, lo que captó su interés no fue su falta de hermosura.

La mujer en cuestión trabajaba en un puesto de fruta. En él, las manzanas brillaban doradas por el Sol cegando de hambre a todos los que pasaban por su lado; las naranjas, de piel tersa y sedosa, lucían carnosas esperando a que las desnudaran y, las piñas, despeinadas como aquellos que llegan tarde a una cita, se dividían en cuadrados de ángulos perfectos. Pero, cuando se adquiría alguno de sus llamativos manjares, estos no cumplían las expectativas creadas. El interior de muchas de las manzanas estaba repleto de túneles con viscosos pobladores; las naranjas dividían sus gajos en podridos y sanos, como si fueran las hojas de una margarita amputada por un enamorado, y las piñas, al trocearlas, estaban tan secas y peludas por dentro, que en vez de parecer fruta tropical se emparentaban más con el suelo de una peluquería.

Luis miró a aquella chica con los ojos desatados por la euforia. La joven de calva intermitente y sonrisa en forma de abanico representaba todo lo que él había querido en su día a día: lo inesperado. No podía dejar pasar aquella oportunidad así que, se caló su sombrero de copa y se acercó decidido a entablar conversación con aquella extraordinaria criatura.

—Disculpe señorita —dijo mientras se atusaba la barba en un  intento de parecer elegante —, le importaría recomendarme alguna fruta de temporada.

—Lo que me importa es que se manosee el bigote encima de mis productos. No ve que tengo el puesto más reluciente del mercado y me lo va a ensuciar con su vello burgués.

Luis se apartó la mano de la cara sorprendido por aquella respuesta, dio un salto hacia atrás y observó la limpieza del lugar. En ese momento, de una caja de sandías salieron varias cucarachas y entraron cuatro orugas junto a un conjunto de moscas en formación de ataque. Más que un mercadillo parecía la feria anual de plagas e insectos. Aun así, se recompuso, dibujó la mejor de sus sonrisas, y procuró seguir con su presentación.

—Lamento profundamente este infortunio. Mi intención no era importunarle. ¿Podría decirme su nombre para dirigirme a usted con la delicadeza que merece?

—Esperanza de Gracia. ¿Y con quién tengo la poca fortuna de conversar? —dijo ella sonriendo de lado para ocultar su falta de dentadura. Uno de sus ojos bailó hacia el lado que sonreía; el otro se quedó quieto. Luis tuvo que morderse el labio para ahogar un grito de satisfacción. Estaba superando todas sus expectativas.

—Luis Muriel para servirla. —Hizo una reverencia, levantó la cabeza, miró a la chica y continuó hablando. —Soy un caballero que acostumbra a vivir de acuerdo a las reglas de la ciencia. Ciño y construyo mi vida en base a lo que se puede tocar y demostrar. Y hoy, con dos frases, usted ha desmontado mis teorías llenando mi día de experiencias inesperadas. Aún pecando de atrevido, ¿le gustaría almorzar conmigo para asegurarme de que es real?

A Esperanza se le enderezaron los dos ojos de la impresión. No sabía si tomarse aquello como un halago o un insulto. ¿Acaso la acababa de invitar a salir? ¿Cómo iba a actuar delante de un señor tan distinguido?  La última vez que tuvo una cita fue cuando acudió al dentista y hasta el doctor la dio por caso perdido. «Si este hombre me ha invitado de sorpresa será porque algo en mí le llamó la atención. Lo mejor será que siga siendo yo misma» el pensamiento le vino como una exhalación. Así que, sin mediar palabra, puso una manta por encima del puesto, la ató a las patas de madera para que no volara y se agarró al brazo de Luis.

—¿Con qué exclusivas viandas va a deleitarme?

—La llevaré a mi restaurante favorito de la ciudad pero, ¿deja así su mercadillo?, ¿no teme a que le roben?

—No se preocupe. Los únicos clientes que disfrutan de mi fruta son los que tienen de cuatro patas en adelante. Y esos se sirven cuando les da la gana. —Esperanza apretó el brazo de su acompañante y comenzaron a andar carretera abajo. Mientras se alejaban del mercadillo a Luis le pareció ver por el rabillo del ojo que una hilera de cucarachas les perseguían.

Durante el camino al restaurante, ella desató una verborrea propia de alguien que llevaba meses sin hablar y debía compensar su silencio. No paraba de comentar las virtudes de su frutería erigiéndola como la más novedosa de la comarca:

—Estoy creando el alimento del futuro y la gente apenas sabe verlo. Los beneficios de la fruta y las proteínas de los gusanos en un solo producto. Frutas probióticas las llamaré. ¿Sabe la falta de dedicación que hay que tener para tener las manzanas en ese punto? Ni podridas, ni sanas, sino en el punto exacto de putrefacción. Pasar una cantidad tan ingente de horas sin hacer nada resulta agotador.

—Sí, ya veo. ¿Y vivir con ese agotamiento le ayuda a conciliar el sueño? —dijo Luis intentando conducir la conversación al terreno que le interesaba. A su espalda, un grupo de ratas se había unido a las cucarachas en un extraño desfile zoológico. «La ignorancia es la felicidad. Lo mejor es no saber qué es lo que nos sigue» pensó. Dos señoras gritaron al ver aquella convención animal, un caballo relinchó y un señor persiguió a un roedor que acababa de robarle un zapato. Luis tuvo que redoblar sus esfuerzos para no girarse. Sin embargo, ella estaba tan acostumbrada a que ocurriera lo inesperado, que no paraba de parlotear como si aquello fuera lo más natural del mundo.

Al llegar al restaurante, el camarero los acomodó en una mesa en la que pudieran admirar las vistas. Desde allí, a través de la ventana, vieron a un cuervo con un paraguas en el pico al que una señora perseguía dedicándole unos oprobios que, por su refinada educación, prefirieron no comentar.

—Antes de continuar con la velada, me gustaría confesarle algo —dijo Esperanza mirando a su acompañante con un ojo mientras, con el otro, vigilaba que nadie le tocara el bolso. —Tiendo a crear estas situaciones ¿sabe? Cuando salgo, el mundo suele desmoronarse a mi alrededor. Este es un día cualquiera en mi vida. Salvo por la invitación a comer, claro está. Yo misma tengo cambios repentinos de carácter. Puedo ser dulce como una uva recién cortada para agriarme al segundo siguiente como el vino mal conservado.

Luis quedó encandilado con aquella confesión. No acostumbraba a escuchar palabras tan sinceras que, añadidas a las estrafalarias situaciones que estaba coleccionando, estaban convirtiendo el día en uno de los mejores que recordaba.

Puso la mano encima de la mesa. Sus dedos apenas se separaban unos centímetros. Observó los callos que ondulaban la piel de su acompañante, la acumulación de grasa amarillenta que supuraban sus uñas y tuvo un irrefrenable deseo de acariciarla.

En ese momento el camarero se acercó a la mesa con los primeros platos del menú en la mano y los repartió entre sus peculiares comensales.

—Espere. No irá a comerse esta basura —comentó ella mientras lanzaba el brazo para detener a Luis. — ¡Camarero!, ¿por quién nos ha tomado sirviéndonos semejante aberración? Llévese esto ahora mismo de aquí. ¿No ve que no hay ninguna mosca en la sopa?

—Por supuesto que no las hay señorita. Tenemos la cocina más limpia de toda la ciudad. Cuidamos hasta el último detalle y en nuestro local no encontrará insecto alguno.

—¿Detalle? ¿Sabrá usted lo qué es de verdad un buen detalle? ¡Las moscas dan el sabor original a la comida! —Se levantó y agarró del brazo a Luis para hacerlo cómplice de sus exigencias. El camarero dio un paso atrás y pegó la espalda a la pared. Al hacerlo, una cucaracha se le deslizó por el interior de la pernera del pantalón y ascendió pantorrilla arriba.

—¡Camarero! Mi cerveza acaba de ponerse caliente. Está imbebible —gritó de repente uno de los clientes.

—Y mi café frío. ¿No querrá usted que se lo cambie por la cerveza? —preguntó el de la mesa de al lado.

Luis, que se estaba haciendo una idea de lo que podía ocurrir a continuación, también se incorporó. Como bien le había advertido Esperanza, todo se desmoronaba a su alrededor.

El camarero comenzó a estirar la pierna y a encogerla para librarse del negruzco polizón que acababa de alcanzar su rodilla. El resto de comensales empezaron a dar palmas al ritmo de aquellos espasmos creyendo que estaban presenciando el inicio de un espectáculo de baile basado en el folclore ruso.

—Márchense de aquí ahora o tendré que echarles yo mismo —les dijo el mesero entre salto y salto. Luis intentó agarrar del hombro a la chica para convencerla de que lo mejor sería irse de allí. Ella se deshizo de la tímida llamada de atención de su compañero y empujó sin querer al camarero haciéndole chocar de nuevo contra la pared. Otra cucaracha se le deslizó por la otra pierna.

Los movimientos del camarero se incrementaron mientras intentaba con torpeza quitarse el pantalón para librarse de los bichos. Una señora que degustaba tranquilamente un filete, se tapó escandalizada los ojos para, entreabrir al segundo siguiente los dedos por si acaso veía zonas de piel que llevaba demasiado tiempo sin admirar. Luis al fin consiguió que Esperanza le hiciera caso y, animados por los aplausos de los clientes, se dirigieron a la salida. En ese momento, el camarero consiguió deshacerse de los pantalones, dobló como pudo la prenda recién quitada y los siguió. En cuanto pusieron los pies en la calle, empujó a la chica acompañando su gesto con un «y no vuelva nunca por aquí» que no dejó indiferente a Luis. «¿Cómo se va a atrever a tocar así a mi chica?» pensó mientras le devolvía el empujón añadiéndole el doble de fuerza.

Al hombre se le escaparon los pantalones de las manos, se enrolló los pies con el cinturón y cayó de bruces sobre la acera. Un colmillo y dos molares provocaron un ligero tintineo al salir despedidos de la boca del camarero y pasear por los adoquines.

Luis Muriel levantó la cabeza y miró directamente a Esperanza de Gracia. Tenía la boca abierta y mostraba reluciente su dentadura parecida a las teclas de un piano. Tenía diente sí, diente no, dos seguidos y un hueco a continuación. Le pareció una sonrisa musical.

—Creo que estás listo para que desmoronemos el mundo juntos. —Fueron las últimas palabras que ella le dedicó antes de que llegara la policía. Los acusaron de desorden público, agresión a un camarero en paños menores y provocar que los clientes del restaurante tocaran palmas con una considerable falta de ritmo.

Esa noche la pasaron en el calabozo. Luis creía que no podría dormir. Pensó en Esperanza, en todo lo que había vivido junto a ella, y en todas las posibilidades que se le abrían. El aburrimiento ya no colmaría su vida. Sin esperarlo, un bostezo nació de su garganta. Giró sobre la cama y se puso de medio lado. Llevaba mucho tiempo sin disfrutar de esa sensación así que, decidió dejarse llevar en todos los sentidos. Volvió a bostezar, cerró los ojos y, antes de darse cuenta, cayó profundamente dormido.

Fer Alvarado

14 comentarios en “Un día cualquiera

  1. Creaste un relato de lo más curioso y con mucho encanto. El estrafalario personaje de la frutera contrasta con la monótona de seriedad de Luis Muriel, y en ese juego de contrastes, palpita la novedad y el embrujo de lo insólito. Lograste una atmósfera alocada y surrealista que acompaña la narración hasta su feliz desenlace: la cura del insomnio. Como dijo Jung: «La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir». En este caso, nuestro hombre se moría de aburrimiento y tú le regalaste su parque de atracciones particular encarnado en Esperanza de Gracia, un nombre que auguraba lo que estaba por venir.
    Un estupendo relato, en definitiva, con aires añejos y buenas dosis de humor. Desde mi punto de vista, uno de tus mejores textos. Te felicito por ello, Fer.
    Un abrazo cargadito de gusanos, cucarachas y otros bichejos por el estilo.

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    • Inmensa disección la que has hecho de mi relato amigo. Te doy las gracias por todo lo que has aportado con tu comentario ya que desconocía esa frase de Jung y me ha parecido muy acertada para definir lo que quería expresar en el relato.

      Creo que poco a poco voy definiendo la forma en la que quiero contar las cosas e intento seguir mezclando géneros para darle consistencia a mis escritos. Procuré comenzar con la seriedad de Luis para, poco a poco, ir desmontando su mundo y que ese aburrimiento desapareciera de sus días. En parte, cogí la idea de la Maga y la fantástica «Rayuela» de Cortázar. Muchas veces el secreto de ser feliz es pensar menos y dejarse llevar por lo que uno de quiere y siente.

      Lo de los gusanos y bichetes varios lo dejaremos para la fruta probiótica. Te mando un abrazo gigante Javier y muchísimas gracias por todo lo que me ayudas.

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  2. ¡¡Es lo más, Fer!! Creo que coincido contigo al decir que es de lo mejorcito que he leído tuyo. Me ha parecido tan divertido, ingenioso, con descripciones y metáforas acertadísimas. Me he reído mucho al leer cómo era la chica (vaya cuadro… jejeje) y cómo él se queda embobado con ella. ¡Hay que ver cómo es la especie humana! Y una cosa que me ha gustado bastante es lo de la “sonrisa musical”. Ahí lo has clavado, chaval. 😉 Definitivamente, estos dos estaban hechos el uno para el otro.

    Mi más sincera enhorabuena, compañero. Me quito el sombrero. Y si, dejándote llevar como has hecho aquí, te surgen relatos tan, tan buenos como este… Por favor, hazlo siempre. ¡Bravo, bravo!

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    • Como te he comentado en el grupo, el hombre es la medida de todas las cosas y la belleza está en los ojos del que la mira. Me he divertido muchísimo escribiendo esta historia y, por lo que me han comentado, es algo que se nota en el relato. Creo que las veces que más me he dejado llevar y he creado relatos más locos han sido cuando más te han gustado mis textos. De lo que estoy seguro es de que he encontrado en el humor la forma de contar todo lo que quiero decir. Cuando comencé a escribir (mi primer relato serio fue «Trenes» que está en el blog) tendía a ponerme melodramático y a engolar demasiado los textos. Ahora con este giro que comencé con Dashiell me siento más a gusto y, además, es un estilo en el que puedo dar rienda suelta a toda mi imaginación porque no tiene límite alguno.

      Gracias sinceras por todo tu apoyo, no solo me ayudas con la gramática y tus consejos sino que me estás aportando mucho para llegar a encontrar mi estilo. Un fuerte abrazo.

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      • Gracias a ti, compañero. Mis consejos y ánimos son de lo más humilde. Y ya sabes que aquí me tienes para lo que necesites. Aunque, tengo que decirte una cosa: pienso que tu estilo ya está más que definido. Solo tienes que pulirlo y te quedará niquelado. Desde mi punto de vista, lo que mejor te va y funciona a las mil maravillas es esa mezcla de humor tan particular tuyo y tu facilidad de crear mundos a veces imposibles. Por ahí va la cosa. Céntrate en ello y pronto, muy pronto te veré firmando libros, y yo, esperando que me dediques uno. Muy bien hecho. 😉

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  3. ¡¡ Jajajaj!! En un relato así, es imposible aburrirse, me gusta toda la situación, la interacción de los personajes, lo original de la trama, y se nota que te has divertido escribiéndolo, porque el relato lo transmite, Un abrazo Fer, Enhorabuena por este texto. Saludos.

    Le gusta a 3 personas

    • Te puedo decir que ha habido escenas de esta historia que, mientras la escribía, me estaba riendo solo a carcajadas jajaja. Así que me alegro mucho de que esa alegría se haya plasmado en el relato. Siempre dices que mis textos son originales y es algo que te agradezco muchísimo de verdad y más viniendo de alguien con una imaginación y una creatividad tan desbordante como la tuya.

      Me alegra muchísimo que hayas pasado un buen rato disfrutando de esta pequeña historia. Gracias siempre por leerme y por estos comentarios tan constructivos. Te mando un enorme abrazo.

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  4. Bueno, Fernando, lo que me he podido reír, es super divertido, pero aparte de ese sentido del humor tuyo que me encanta, es que está muy bien escrito, un texto muy trabajado, unos personajes muy bien construidos, unas metáforas muy buenas y algunas frases geniales. Todo lo que he leído tuyo hasta ahora, me ha parecido muy bueno, pero este relato es, sin duda, el que más me ha gustado. Gracias por hacerme pasar un rato tan divertido

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    • Desde que entré en el grupo me he animado mucho a trabajar más los textos. Siempre he pecado de impulsivo e impaciente pero lo cierto es que entre todos me estáis animando mucho a profundizar en mi estilo e intentar hacer cosas diferentes.

      Siempre me ha gustado disfrutar de muchos géneros muy distintos y eso es algo que procuro llevar a mis relatos. Me divierto creando personajes estrafalarios y situaciones absurdas pero no quiero dar de lado las metáforas y narrar de una forma literaria. De ahí esa mezcla de estilos en mis historias.

      Muchísimas gracias de verdad por tus palabras, me animas muchísimo a seguir por este camino. Un abrazo enorme.

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  5. Ayer leí el relato por primera vez, pero hoy quería disfrutarlo en una segunda lectura. Los dos personajes están muy bien descritos y actúan conforme esa descripción. Te han permitido dar libertad a tu imaginación, eso se nota en cada línea, creando un texto casi surrealista, pero con un encanto especial en cada párrafo, proveniente del contraste de formas de ser de ambos protagonistas, que nos llevan a una especie de antagonismo cómplice entre ellos, lo que le da al texto una riqueza especial. Y con un final feliz, en forma del ansiado sueño. Sinceramente me ha gustado mucho y aplaudo ese giro que quieres dar a tus textos, dejando volar tu imaginación y la de tus personajes. Vaya pues mi enhorabuena Fer y mi abrazo.

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